Estudié el bachillerato entre curas y columnas góticas de un claustro franciscano . Allí me topé con muchos curas y frailes. De entre todo recuerdo con cariño a uno que enseñaba religión de una forma distinta. Decía que Jesús predicó sólo una cosa: amor y entrega a los desfavorecidos.

Ese es el único punto de afinidad que me queda con la Iglesia Católica, o al menos con quienes, dentro de ella, siguen predicando y practicando así, a pesar de todas las dificultades de la jerarquía eclesial.

Hoy me levanto leyendo que el Arzobispado de Madrid quiere cerrar la Iglesia Roja de Vallecas y siento una mezcla entre pena y decepción.